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Big Joe and Phantom 309 – Tom Waits

Tommy Faile fué un cantante y compositor americano, famoso por haber compuesto la canción “Phantom 309” en 1967, pero interpretada por Red Sovine, otro músico, de country sobre todo, especializado además en temas muy “camioneros”. Podréis daros cuenta de ello cuando leáis la traducción. Pero años después, en 1975, la interpretaría Tom Waits para su disco en directo “Nighthawks at the dinner”, una grabación ante un pequeño público, en la linea de las actuaciones del cantante de California, con su voz rasgada y sus chistes antes de cada tema.

Well you see I happened to be back on the east coast
a few years back tryin’ to make me a buck
like everybody else, well you know
times get hard and well I got down on my luck
and I got tired of just roamin’ and bummin’
around, so I started thumbin’ my way
back to my old hometown
you know I made quite a few miles
in the first couple of days, and I
figured I’d be home in a week if my
luck held out this way
but you know it was the third night
I got stranded, it was out at a cold lonely
crossroads, and as the rain came
pouring down, I was hungry, tired
freezin’, caught myself a chill, but
it was just about that time that
the lights of an old semi topped the hill
you should of seen me smile when I
heard them air brakes come on, and
I climbed up in that cab where I
knew it’d be warm at the wheel
well at the wheel sat a big man
I’d have to say he must of weighed 210
the way he stuck out a big hand and
said with a grin “Big Joe’s the name
and this here rig’s called Phantom 309”
well I asked him why he called his
rig such a name, but he just turned to me
and said “Why son don’t you know this here
rig’ll be puttin’ ‘em all to shame, why
there ain’t a driver on this
or any other line for that matter
that’s seen nothin’ but the taillights of Big Joe
and Phantom 309”
So we rode and talked the better part of the night
and I told my stories and Joe told his and
I smoked up all his Viceroys as we rolled along
he pushed her ahead with 10 forward gears
man that dashboard was lit like the old
Madam La Rue pinball, a serious semi truck
until almost mysteriously, well it was the
lights of a truck stop that rolled into sight
Joe turned to me and said “I’m sorry son
but I’m afraid this is just as far as you go
You see I kinda gotta be makin’ a turn
just up the road a piece,” but I’ll be
damned if he didn’t throw me a dime as he
threw her in low and said “Go on in there
son, and get yourself a hot cup of coffee
on Big Joe”
and when Joe and his rig pulled off into
the night, man in nothing flat they was
clean outa sight
so I walked into the old stop and
ordered me up a cup of mud sayin’
“Big Joe’s settin’ this dude up” but
it got so deathly quiet in that
place, you could of heard a pin drop
as the waiter’s face turned kinda
pale, I said “What’s the matter did
I say somethin’ wrong?” I kinda
said with a half way grin. He said
“No son, you see It’ll happen every
now and then. You see every driver in
here knows Big Joe, but let me
tell you what happened just 10 years
ago, yea it was 10 years ago
out there at that cold lonely crossroads
where you flagged Joe down, and
there was a whole bus load of kids
and they were just comin’ from school
and they were right in the middle when
Joe topped the hill, and could
have been slaughtered except
Joe turned his wheels, and
he jacknifed, and went
into a skid, and folks around here
say he gave his life to save that bunch
of kids, and out there at that cold
lonely crossroads, well they say it
was the end of the line for
Big Joe and Phantom 309, but it’s
funny you know, cause every now and then
yea every now and then, when the
moon’s holdin’ water, they say old Joe
will stop and give you a ride, and
just like you, some hitchhiker will be
comin’ by”
“So here son,” he said to me, “get
yourself another cup of coffee, it’s on the
house, you see I want you to hang on
to that dime, yea you hang on to that
dime as a kind of souvenir, a
souvenir of Big Joe and Phantom 309”

Bueno, dio la casualidad de que yo andaba por la costa este
hace algunos años, tratando de conseguir algún dolar,
como todo el mundo, pero los tiempos
eran difíciles y no tuve suerte.
Me harté de dar vueltas por allí, así que me puse
a hacer auto-stop para volver a casa.
Hice bastantes kilómetros en los dos primeros días.
Pensé que si la suerte seguía igual
llegaría a casa en una semana.
Pero a la tercera noche, me quedé clavado.
Allí estaba, yo en un frío y solitario cruce.
Y había empezado a llover y tenía hambre.
Tenía hambre y estaba cansado,
estaba helado y cogí frío. Pero entonces,
aparecieron sobre la colina las luces
de un semirremolque.
Deberías haber visto mi sonrisa
cuando oí sus frenos hidráulicos.
Subí a la cabina donde sabía que se estaría caliente,
y al volante estaba sentado un tipo corpulento.
Diría que debía pesar unos 150 kilos.
Me dió la mano y me dijo con una sonrisa:
“Big Joe es mi nombre y este camión se llama Fantasma 309″.
Le pregunté por qué llamaba así al camión,
y entonces se giró y me dijo:
“Hijo deberías saber que este camión no tiene rival
No hay ningún conductor en este u otro trayecto
Que no haya visto más que las luces traseras de Big Joe
y Fantasma 309″.
Así que rodamos y hablamos casi toda la noche.
Yo le conté mis historias y Joe me contó las suyas.
Y me fumé todos sus Viceroys mientras viajábamos.
Le había metido las diez marchas y el camión iba a tope.
Tío, aquel salpicadero estaba encendido
como el viejo pinball de Madam La Rue.
Todo un semicamión.
Hasta que casi misteriosamente,
aparecieron las luces de un apeadero de camiones.
Joe se giró y me dijo:
“Lo siento, pero me temo que no puedo ir más lejos.
He de desviarme un poco más adelante”.
Pero que me cuelguen si no me tiró diez centavos
cuando puso la primera y me dijo:
“Entra ahí y tómate una taza de café caliente, paga Big Joe”.
Pero cuando Joe y su camnión se internaron en la noche,
tío, en un instante ya no había rastro de ellos.
Así que entré en aquel viejo apeadero y pedí una taza de café.
Dije, “esto lo paga Big Joe”.
Un silencio sepulcral en invadió aquel sitio.
Se podía oir un alfiler caer,
cuando el rostro del camarero se giró algo pálido.
Le dije con una sonrisa medio burlona:
“¿Qué pasa? ¿He dicho algo malo?”.
Me respondió, “No hijo, esto suele ocurrir de vez en cuando.
Todos los conductores de aquí conocen a Big Joe.
Pero deja que te cuente lo que pasó hace diez años.
Sí, fue hace diez años en ese frío y solitario cruce.
Había un autobús lleno de niños,
y volvían de la escuela.
Y estaban allí en medio cuando Joe se asomó por la colina.
Y pudo haberlos matado pero Joe giró el volante,
y el camión coleó y coleó,
y pegó un patinazo.
Y la gente de aquí dice que dio su vida
por salvar a aquel puñado de críos.
Y ahí fuera en el frío y solitario cruce,
dicen que fue el final del trayecto
de Big Joe y Fantasma 309.
Pero es extraño, ¿sabes?,
porque de vez en cuando, sí, de vez en cuando,
cuando la luna está llena,
dicen que Joe se para y recoge a alguien.
Alguien así, como tú. Algún autostopista pasa por aquí.
Así pues, hijo, tómate otra taza de café a cuenta de la casa.
Y quiero que te quedes con esa moneda de diez centavos.
Sí, quédate con esa moneda de diez centavos.
Guárdate esa moneda como recuerdo de Big Joe.
De Big Joe y Fantasma, Big Joe y Fantasma 309.

 

 

 

 

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